El capitán Stormfield viaja después de morir a un cielo muy distinto de las imágenes terrenales que conserva. El viejo marinero llega con curiosidad, seguridad y hábitos de su profesión. Los encuentros revelan una y otra vez la estrechez de las expectativas que lleva consigo.
Mark Twain da al viaje fantástico la energía de una conversación viajera. La variedad inmensa del universo vuelve provincianas las ideas humanas de importancia. Stormfield intenta comprender un orden que no reproduce las jerarquías conocidas; sus preguntas prácticas generan buena parte del humor.
El relato utiliza el más allá imaginado para examinar vanidad, pertenencia y límites de ideas recibidas. La sátira pregunta cómo reconsiderar distinción y valor cuando las medidas de estatus dejan de ser adecuadas. Asombro y comedia nacen de una misma perspectiva que se ensancha y cuestiona las certezas del viajero.